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Mostrando las entradas etiquetadas como psicología

Lo llaman inteligencia (artificial) y no lo es

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            Tengo un amigo estudioso de la inteligencia artificial (IA). Llamémoslo Paco, por ponerle un nombre. Tan estudioso es del asunto que en menos de un mes se ha leído dos veces la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV.      Una de las cosas que les pasa a los estudiosos es que se les ocurren cosas que a los demás no se nos pasan por la cabeza. Pues bien, eso lo pasa a Paco, que se le ocurrió replicar con la IA un sencillo experimento que había visto hecho con personas.      El experimento consiste en realizar una pregunta: “Toda la humanidad debe participar en una votación secreta pulsando un botón rojo o uno azul. Si más del 50% pulsa el botón azul, todo el mundo sobrevive. Si menos del 50% pulsa el azul, solo sobreviven quienes pulsaron el rojo. ¿Qué botón pulsarías?”. Esta pregunta fue planteada por el bloguero Tim Urban y amplificada por el youtuber MrBeast.      Es un dilema de filos...

Intervención en A3 noticias sobre jubilaciones tempranas

  La noticia completa puede verse aquí 

Compárate... pero hazlo bien

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 Breve vídeo sobre el hecho de compararse con otros y cómo hacerlo bien.

¿Puede la IA hacer de psicólogo?

 

¡Bendita paradoja!

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 ¿Los adolescentes son insoportables o encantadores? Este verano escuchaba a Jaume Funes, un  auténtico sabio, hablando de cómo acompañar la adolescencia hoy. Me resultó interesantísimo. Hubo una expresión que me llamó la atención, me hizo pensar dándole vueltas durante todo el verano hasta parir esta pequeña reflexión que hoy les comparto. Comentó Funes refiriéndose a los adolescentes que eran encantadoramente insoportables. Automáticamente se produjo una risita de asentimiento entre el público, que se sintió identificado con esa expresión. Me llamó la atención tanto la expresión como el asentimiento del público. Los que hemos transitado por la adolescencia de nuestros hijos, hemos acompañado a padres de adolescentes o hemos trabajado con adolescentes, sabemos que a veces te dan ganas de estrangularlos, por ejemplo, cuando miras el desorden de su habitación, traen las notas del instituto o te dicen “ya voy” y no van. Otras veces te dan ganas de abrazarlos, como cuando res...

El problema de espiritualizar el problema.

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       En una ocasión le preguntaron a don José Delicado, siendo arzobispo de Valladolid, qué vela era mejor para evitar los nublados. Contestó que “si uno se encuentra en la calle bajo un nublado que puede descargar es preferible, si no quiere mojarse, llevar un paraguas y no una vela encendida”. Don José iniciaba con esta anécdota en 1980 una carta pastoral en la que reflexionaba sobre la relación entre la fe y el desarrollo científico y técnico. Traigo esta anécdota a colación porque espiritualizar los problemas que nos presenta la vida es una forma errónea de afrontarlos.  En la vida afrontamos dificultades de distinta índole: crisis en el matrimonio, decisiones de los hijos que considero erróneas y que pienso que les van a causar dolor, una enfermedad, problemas laborales, la muerte de un ser querido, dificultades en la comunidad a la que pertenezco, problemas sociales o políticos… Hay veces que en ambientes católicos se entiende, por ejemplo, la enf...

¿Quién quiero que me influya?

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Influir, “ejercer predominio, o fuerza moral” según la RAE, es algo que pretenden la mayoría de los padres sobre sus hijos, los profesores sobre sus alumnos, los médicos sobre sus enfermos, los psicólogos sobre sus pacientes, los curas sobre sus feligreses, los gobernantes sobre sus gobernados, los maridos sobre sus mujeres y viceversa, los medios de comunicación sobre sus seguidores... De hecho, se le suele dedicar bastante esfuerzo a cómo influir: cursos de formación sobre persuasión para sanitarios, escuelas de padres, cursos de oratoria, masters de comunicación política… Se escriben libros, se graban vídeos y audios, se hacen entrevistas a personas que saben del tema, buscando la respuesta a la pregunta de cómo influir más y mejor. Lo normal es que tratemos de influir a nuestro alrededor y que nos preguntemos cómo hacerlo. La capacidad de influir genera poder y el poder, como dice Armando Zerolo en su libro Época de idiotas, “está en la naturaleza humana y gran parte de la tr...

Elogio de la pausa

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     Me gusta el fútbol. No me paso el día viendo partidos, ni me cojo un cabreo monumental cuando pierde mi equipo, el Valladolid, pero me gusta el fútbol. Algunos de los recuerdos más nítidos de mi infancia están ligados al fútbol: aquel balón lanzado por Platini que se cuela por debajo de Arconada en la final de la Eurocopa del 84. El 12 a 1 contra Malta. El penalti fallado por Eloy contra Bélgica en el Mundial del 86. O en el ámbito local, la Copa de la Liga ganada por el Valladolid en el 84 o la final de la Copa del Rey perdida en el 89.      Esos son los de la infancia. Pero hay un recuerdo que destaca sobre todos los demás, un recuerdo más cercano: el Mundial de Sudáfrica en 2010, cuando fuimos los mejores. Y un momento clave: el gol de Iniesta. La tensión previa al remate, los saltos de alegría cuando el balón llega a la red, los abrazos, los nervios hasta que terminó el partido… Inolvidable.      Tiempo después escuché a Iniesta cont...

Sentir diferente, olvidar lo sucedido, hacer ver algo y otras misiones imposibles.

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     Cuando tenemos deseos de cambiar algún aspecto de nuestra vida, lo primero que tenemos que tener en cuenta es si aquello que deseamos cambiar es una acción voluntaria o involuntaria.      Me explico. No todas las acciones que realizamos son voluntarias. Algunas no dependen de nuestra voluntad. Por ejemplo, dormir, sentir, olvidar, tener ganas… Algunas veces nos gustaría cambiarlas porque no nos convence cómo funcionan, por ejemplo, me gustaría dormir mejor. Otro ejemplo, me gustaría que las cosas no me afecten. Otro más, me gustaría olvidar lo que pasó. El último, me gustaría volver a tener las ganas que tenía de hacer cosas, antes de que pasara todo esto.      Estas cuatro acciones: dormir, sentir, olvidar, tener ganas, son acciones involuntarias. ¿Qué quiere decir esto? Que al no depender de nuestra voluntad no podemos controlarlas. Para muestra un botón. Si estás leyendo esto sentado, prueba a ponerte de pie. Lo normal (salvo alguna c...

Tenerse paciencia

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     ¿Quién no se ha hecho en alguna ocasión el propósito de mejorar algún aspecto de su vida? El año nuevo es el momento típico: “A ver si este año me alimento mejor y como menos precocinados”. “Voy a intentar ponerme al día con la tecnología”. “Tengo que tener más paciencia con los chicos”. “Voy a empezar a hacer deporte” y mil cosas más. Cada uno, las suyas.      Muchos de esos propósitos proceden de “deberías” externos a nosotros: familiares, medios de comunicación, costumbres sociales… Cuando los propósitos tienen esa procedencia, conviene que pasen por varios filtros personales. ¿Realmente esto es algo que quiero yo para mi vida? ¿Me imagino haciéndolo? ¿Es buen momento ahora para empezar con ello? ¿Tengo unas circunstancias adecuadas que me permitan intentarlo? ¿O más bien en el fondo de mi corazón es algo que no me importa demasiado, que no me veo haciendo o que me viene fatal ponerme con ello en este momento?      Si al pasar por eso...

¡Viva el sentimiento de culpa!

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     Sin duda. Sin ambigüedades. Sin matices. El sentimiento de culpa es necesario. Imprescindible, diría yo, para quien quiera llevar una vida honrada. No deja de ser curioso que en una época como la nuestra en la que se exaltan los sentimientos e incluso se anima a dejarse llevar por ellos, al sentimiento de culpa se le denigra.      Hay quien lo explica diciendo que sentirse culpable es una sensación desagradable y que rechazamos las sensaciones desagradables. Pero la fiebre también lo es o el dolor físico. Y ambos son imprescindibles porque nos avisan de que algo no va bien. Lo mismo hace el sentimiento de culpa. Puede hacerlo incluso sin analizar minuciosamente los hechos que uno ha cometido. O puede hacerlo de forma inconsciente, sutil. O a partir de la contemplación del sufrimiento que se ha generado o del que se podría haber evitado si uno hubiese actuado de otra forma.       Una vez que experimentamos esta primera reacción de ma...

¡Es la ternura!

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          La reducimos a la infancia, pero, en realidad, la necesitamos toda la vida. La confundimos con la ñoñería diluyendo así su capacidad transformadora. Parece cosa de cursis, sin embargo, su potencia para configurar una vida es infinita.      La ignoran los obsesionados con la eficacia. La desprecian los que nunca la han experimentado. La detestan quienes solo quieren imponerse a los demás.      No consiste en muestras físicas de afecto. A veces se manifiesta con una mirada esperanzada. A veces se expresa con un silencio comprensivo. A veces aparece en una renuncia sacrificada.      No se trata de una emoción intensa que se siente muy dentro y hace estallar el corazón de gozo efusivo, no. Más bien se parece al sol de febrero, que calienta para ahuyentar la helada de la noche. Así, la ternura da calor al corazón cuando el frío de la vida congela el alma.      No es amar al otro “a pesar de” s...

Hablando del teléfono del suicidio en COPE Valladolid 10/5/22

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Con motivo de la puesta en marcha del teléfono de atención a la conducta suicida (024) dialogamos en COPE Valladolid. Puedes escuchar aquí la entrevista a partir del minuto 22:19 

Intervención en COPE Valladolid con motivo del Día Internacional del Beso 13/4/22

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 Puedes escuchar la intervención en COPE Valladolid sobre el Día Internacional del Beso a partir del minuto 22:30 pinchando aquí .

Aceptarse para trabajarse, el orden de factores sí altera el producto.

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     ¿No tienes ningún defecto? No sigas leyendo este artículo. Seguramente tengas otras tareas más provechosas que hacer.      Este artículo te puede interesar a ti, que de vez en cuando te dices a ti mismo… ¡qué burro eres!, tienes que cambiar esto, tienes que mejorar este otro aspecto… o tienes que dejar de hacer tal cosa o de comportarte de tal manera. O a ti, tan consciente de tus defectos como incapaz de dejar de mirarlos por un momento.      Las personas tenemos defectos y la mayoría somos conscientes de cuáles son esos defectos. A veces porque nos lo dicen los demás, otras veces porque nos damos cuenta analizándonos a nosotros mismos, o porque tropezamos con ellos una y otra vez.      De vez en cuando intentamos trabajar esos defectos, pulirlos, aminorarlos… Acabamos de comenzar el año y muchos se han (o nos hemos) hecho propósitos para este año nuevo: tener más paciencia con los hijos, ser más puntual, más ordenado, no...

No me hagáis demasiado caso

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     Voy a hacer una confesión. No me resulta fácil escribir estas colaboraciones en nuestra revista diocesana. No porque no tenga temas a tratar, enfoques o reflexiones que compartir, no. En general la vida y el trabajo me nutren de ideas y pensamientos que pienso que pueden interesar a otros. Sentarme a escribir una vez al mes me ayuda a poner orden. Estoy agradecido por la confianza. El listado de temas sobre los que escribir es amplio y no deja de aumentar.      Lo que realmente convierte el momento de sentarme ante el teclado del ordenador en una cuesta arriba, es la cantidad de pegas que me surgen ante cada línea que escribo y el enfoque que le doy a los temas. Elijo el tema, la idea que quiero transmitir, los ejemplos concretos, empiezo a golpear teclas y a completar líneas y me empieza a venir matizaciones: “Si alguien en tales circunstancias se toma esto al pie de la letra, puede que su situación empeore…”, “esto que dices aquí habría que matizarlo...

¿Qué hago ante esta belleza?

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       ¿Os ha pasado en alguna ocasión que ante un momento de gran belleza habéis sentido simultáneamente el gozo de disfrutar aquello y la pena de experimentar que se termina? Ante una obra de arte, una comida especial, una música increíble, el placer de una relación sexual, un libro que os ha atrapado, un espectáculo de la naturaleza…      Me pasó en el Canal del Duero a mediados de enero. El día había amanecido muy frío y con una niebla espesa que casi se podía apartar con la mano. Una inmensa cencellada cubría árboles, construcciones, arbustos, campos… Me encontraba cerca de Sardón de Duero y decidí parar el coche para dar un paseo y contemplar el espectáculo.      Caminé junto al canal. La niebla se pegaba a las plantas, a los caminos, a los grandes pinos… congelándose y dando lugar a formas espectaculares. Plantas insignificantes que en cualquier otro paseo pasaban desapercibidas ese día parecían mágicas, como si tuvieran un valor ...

Tus sentimientos no son Dios (tampoco el demonio)

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    “¡Haz caso a tus sentimientos!”, “¡sigue a tu corazón!” … frases así nos invitan en cierta literatura y redes sociales, a dejarnos llevar por nuestros sentimientos, a obedecerlos y seguirlos a pies juntillas para no reprimirnos nada y tener una vida intensa.      La premisa básica de este tipo de mensajes es que nuestra auténtica personalidad se manifestaría de forma espontánea en nuestra manera de sentir y de expresar los sentimientos. Cualquier intento de modularlos se convertiría en una fuente de represión, inhibiría nuestra personalidad y nos convertiría en seres infelices que no viven con autenticidad su vida. El gran peligro del que alejarse es actuar conforme a estereotipos sociales que encorsetan. El sentimiento define tu esencia. Eres lo que sientes.      Según esto, a la hora de tomar decisiones se trataría de dejarse llevar por los impulsos de nuestro corazón y actuar conforme a ellos. Eso garantizaría el acierto en el rumbo a ...

¿Para qué sirve la tristeza?

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     “Para nada”, es la respuesta habitual. “Sólo para amargarse”, responden otros.      Intentemos respondernos a esta pregunta haciéndonos algunas más. ¿Qué hacemos cuando estamos tristes? Por lo general no tenemos ganas de hacer nada. Una de las consecuencias de la tristeza es que nos desinfla, nos quita las ganas de hacer cosas. Muchas veces nuestras obligaciones no permiten que nos quedemos tirados en el sofá, pero cuando uno está triste eso es lo que realmente querría hacer.      Y si uno realmente se queda tirado en el sofá sin hacer nada… ¿qué hace mientras está en el sofá? Normalmente se queda “lamiéndose las heridas”, pensando en lo que ha causado esa tristeza, en lo que la ha motivado. Ese momento de replegarse permite dedicar un tiempo a tomar conciencia de lo que se ha perdido, del valor de lo perdido.      La tristeza surge de una pérdida, de algo que había y ya no hay. No siempre tiene que ser algo material, pued...

¿Qué hiciste para nacer?

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     Antes de continuar leyendo este artículo detente un momento y trata de responder a la pregunta. ¿Qué hiciste para nacer?      No fue gracias a tu inteligencia a lo que naciste. Ni gracias a que tomaras una decisión firme de hacerlo. Tampoco podrás decir que naciste porque te lo ganaste, porque hiciste méritos para ello.      La respuesta más cierta es que no hiciste nada para nacer. Al igual que cada uno de nosotros. No fue fruto de nuestra inteligencia, nuestra voluntad o nuestros méritos. Nacimos sin haberlo merecido, sin habérnoslo ganado. Nacimos. Es un hecho, una verdad (quizá es la primera verdad de nuestra vida). Sin haberlo conquistado, sin que fuera un premio. Nos ha sido dado sin haberlo merecido. Y esa primera verdad tiene que ser vivida. ¿Cómo? Entre otras cosas, disfrutando de ella.      La mayoría de nosotros coincidiríamos en que la etapa de la vida que más se identifica con disfrutar es la infancia. Esa épo...