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Mostrando las entradas etiquetadas como divorcio

El desastre de la compensación habitual

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     Casarse tiene sus inconvenientes. Es así. Eliges a una persona y desechas a otras. Esa persona tiene sus defectos. Esos defectos a veces te hacen sufrir. No siempre los llevas con alegría. Hay veces en las que te sientes poco correspondido, cuestionado, abandonado, solo, dominado, criticado, rechazado o controlado. ¿Qué pasa cuando te sientes así? ¿Qué haces? ¿Cómo reaccionas ante tu propia reacción? Una manera desastrosa es la compensación habitual.      Partamos de que en la relación no es raro que busques un cierto equilibrio entre lo que das y lo que recibes. Estás dispuesto a dar apoyo al otro en sus dificultades y esperas cierto apoyo del otro cuando te vienen mal dadas. Estás dispuesto a dar afecto al otro y esperas cierto afecto del otro. Si te dedicas a medir, contar, calcular lo que das y lo que recibes, el matrimonio no llega a ningún lado. Pero lo normal es esperar que el matrimonio sea una especie de “toma tú y dame a mí”.    ...

Aprendí de mi error. Canciones para amar. Ep. 3

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  Me equivoqué. El Kanka, Sheriff y Morgan y el Niño de la Hipoteca. No me arrepiento Si me perdí Fue cuestión de tiempo El camino llevó hasta aquí No me arrepiento Si me perdí Fue cuestión de tiempo El camino llevó hasta aquí Pienso tropezar con otra piedra Intoxicarme con la hiedra Y apostar el corazón No llega a buen puerto quien no hierra No camina el que se aferra Sólo aprende el que falló Si atiné fue por puro accidente Si acerté fue de repente Llegué por casualidad Vengo de buscar errores nuevos Pues no me van los placebos Quiero vivir de verdad Puede ocurrir que no exista el destino Que tan sólo seamos ceniza de estrellas Que en este mundo raro no haya otro camino Que el que van dejando tras de si las huellas Esas que besan tus pies al dar cada paso En este sendero de alegría y temores Tenemos victorias y tenemos fracasos La experiencia es un puñado de errores Me equivoqué Me equivocaría otra vez Y tú me acertaste Me equivoqué Me equivocaría otra vez Y tú me acertaste No ...

Estoy a la puerta y llamo

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     La puerta está entreabierta. Al tiempo que están separados por ella, esa pequeña apertura les une. Cada uno permanece en una estancia diferente con sus deseos, sus preocupaciones y sus proyectos... A la vez, ambos pueden observar al otro en la habitación contigua con sus deseos, sus preocupaciones, sus proyectos...      Uno de los dos se acerca a la puerta y, aunque está entreabierta, toca con los nudillos. Solicita la atención del otro, pide su apoyo, su comprensión. Sucede de manera constante.      La llamada adopta formatos diferentes. Una frase: “hoy he tenido un día horrible en el trabajo”. Un gesto: mostrar un informe médico con una mala noticia. Una petición: “por favor, no pongas pimiento en la pizza”. Una acción: preparar una cena especial. Una pregunta: “¿te acordaste de llamar al profesor de las extraescolares de nuestro hijo?” …      La intensidad emocional de las solicitudes también varía enormemente. Desde un...

¿A quién quieres más?

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     (Advertencia previa: Este artículo no se refiere a separaciones extremadamente conflictivas donde hay negligencia o maltrato hacia los hijos, sino a las más frecuentes, que provienen del deterioro de la relación entre los cónyuges)      Quizá hayamos escuchado a un adulto hacer esta estúpida pregunta a un niño, poniéndole en la disyuntiva de elegir entre sus padres. La pregunta es estúpida porque transmite una concepción del amor como algo finito que se reparte, según la cual, lo que le das a una persona se lo restas a otra. El amor no funciona así.      Aunque hay un caso en el que esta pregunta deja de ser estúpida y se convierte en dramática: cuando es el propio niño el que se la hace a sí mismo. Y hay una situación en la vida de los hijos que facilita que surja esa pregunta: la separación de los padres.      Cuando esto sucede, los hijos pasan a ocupar una posición intermedia entre ellos, mucho más que antes de la sep...

No tires la toalla (Carta a M.)

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     Querido M.:      Me cuentas lo mal que lo estás pasando con tu hijo. Que no quiere hablar contigo. Que no quiere ir a tu casa el fin de semana que le toca. Que cuando le llamas por teléfono no te contesta. Que si contesta su conversación es seca, cortante. Que a veces te reprocha que no eres un buen padre. Que te dice que no tienes ni idea de su vida. Que le dejes en paz.      Dices que, al principio de la separación, de niño, no se quejaba de las visitas los fines de semana. Incluso hacíais planes juntos y él disfrutaba. Me enseñas las fotos para demostrármelo, pero no hace falta. Sé que hubo buenos momentos.      Apuntas que la cosa empezó a enfriarse en la ESO. A partir de segundo empezó a rezongar cuando tenía que ir contigo. Que si no puedo estar con mis amigos, que si tengo competición, que si no puedo jugar a la “play” … Insistiendo un poco vencías su resistencia inicial y te parecía que el fin de semana iba bien. ...

Colaboración en CyL TV 17/6/2016

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Puedes leer la noticia completa:  De cada diez matrimonios celebrados en 2015, otras seis parejas se divorciaron.