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Mostrando las entradas etiquetadas como educación

Charla: Gestión emocional ¿cómo ayudarles?

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Compárate... pero hazlo bien

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 Breve vídeo sobre el hecho de compararse con otros y cómo hacerlo bien.

¿En qué me ha hecho mejor ser padre?

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  Para escribir Un regreso, una patada, una luz, una urgencia, un espejo, una tensión, y otros regalos del Día del Padre.  pregunté a unos cuantos padres qué había supuesto la paternidad para ellos, en qué les había hecho mejores. Quería reflejar algo más que mi propia experiencia en el artículo. Recibidas las respuestas considero que merecen quedar recogidas en algún sitio por su riqueza, su honestidad y su alegría. Las dejo aquí conservando el anonimato.  Algunas son transcripciones de audios grabados en medio de las tareas del día, otras están enviadas a través de un mensaje de guasap y hay quien se ha sentado ante el PC para escribir. Todas son valiosas, creo. Sólo he eliminado algunos datos que permitían identificar fácilmente a las personas y he corregido las faltas de ortografía más evidentes, para no retocar nada de la expresividad que contienen. A todos los que han aportado su experiencia, gracias. Y a ti, lector, te invito a dejar tu experiencia en comentarios. ...

Un regreso, una patada, una luz, una urgencia, un espejo, una tensión y otros regalos del Día del Padre.

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    Se acerca el Día del Padre. Quedaron atrás las pequeñas manualidades con las que me despertabas los diecinueve  de marzo y quizá por eso hoy quiero hacer repaso de algunos regalos que me has hecho desde que naciste. Un regreso.      Contigo volví a disfrutar de cosas muy simples: un rato en el parque en primavera, hacerme el sorprendido cuando te escondías tras la esquina para darme un susto, acompañarte a los partidos de los sábados, peinar una muñeca, jugar al pilla pilla, leer un cuento despacio, dar patadas a un balón, la emoción de esperar tu cumpleaños… Me estaba volviendo un poco refinado hasta que llegaste, contigo volví a disfrutar como cuando era un niño. Una patada.      Con ella me lanzaste fuera del centro del mundo que yo intentaba ocupar. Una enfermedad, un problema en el cole, un reto por afrontar y tenía que salir de mi mundo. Ahora compruebo con alegría que eso ha hecho que haya relativizado mis neuras y obsesi...

Hablemos bien de la ira.

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       L a ira tiene mala prensa. Seguramente es la emoción peor vista de todas. Culturalmente, rechazada. Educativamente, reprimida. Religiosamente, culpabilizada. Aunque el evangelio en más de una ocasión nos muestra a Jesús enfadado (“¿hasta cuándo os tendré que soportar?” les dice a los apóstoles en Mt, 17, 17). La ira se ha entendido mal y se ha tratado peor, normalmente por miedo a sus efectos.      Si comprendemos que cada emoción nos habla de nosotros mismos la ira nos comunica que un bien es importante para nosotros. Además, nos proporciona la energía para luchar contra lo que ataca a ese bien. Lo razonable es que los bienes que consideramos atacados sean propios, de otras personas o colectivos. Si solo nos encolerizamos por cosas propias seguramente nos falta algo más de presencia de los otros en nuestra vida.      Como decía, la ira nos proporciona la energía necesaria para defender el bien que vemos atacado. Nos mueve. (La...

Una pelota que se aleja, un dedo al que agarrarse y un camino por recorrer.

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     Es una pelota de tenis de esas amarillas. El niño, de unos dos años, juega con ella junto a sus padres mientras estos contemplan un espectáculo en la calle. La madre sostiene en brazos a su hija pequeña y el padre interactúa con el niño mientras mira de reojo el espectáculo. Cuando el niño le ofrece la pelota, la recoge y se la devuelve. El juego es sencillo. A veces, para complicarlo un poco más, el padre esconde las dos manos en su espalda, una de ellas con la pelota, la cambia de mano y enseña, ahora vacía, la mano que tenía la pelota. El niño primero se sorprende y después adivina que la pelota no ha desaparecido, así que señala la mano del padre que aún queda en la espalda e inmediatamente el padre la muestra la mano con la pelota.  Entonces el niño estalla en una carcajada alegre al adivinar la travesura del padre.                 De vez en cuando el niño interrumpe el juego par...

Treinta y siete pequeñas maneras de estorbar

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     Una vez leí un hermoso texto de José Luis Martín Descalzo titulado Veinticuatro pequeñas maneras de amar, muy recomendable, por cierto. En él desgranaba de forma amable y concreta, veinticuatro maneras de amar a los que están a nuestro alrededor. Como yo no llego a la altura de Martín Descalzo ni de broma, me cuesta escribir algo parecido a eso. Pero, sin embargo, no me resulta demasiado difícil hacer una lista de las maneras de estorbar que tiene la gente.  Aquí van treinta y siete:  Aparcar el coche en la calle o en un aparcamiento ocupando dos plazas. Hablar, hablar y hablar sin escuchar. Pararse en medio del pasillo en el supermercado con el carrito cruzado impidiendo el paso al resto de clientes. Ceder a todos los caprichos de los hijos. Caminar cambiando de dirección de golpe sin mirar si viene alguien por detrás. Ir con el paraguas abierto por los soportales en día de lluvia. Regalar un móvil a un niño por su primera comunión, es decir, con 8 años....

¿Quién quiero que me influya?

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Influir, “ejercer predominio, o fuerza moral” según la RAE, es algo que pretenden la mayoría de los padres sobre sus hijos, los profesores sobre sus alumnos, los médicos sobre sus enfermos, los psicólogos sobre sus pacientes, los curas sobre sus feligreses, los gobernantes sobre sus gobernados, los maridos sobre sus mujeres y viceversa, los medios de comunicación sobre sus seguidores... De hecho, se le suele dedicar bastante esfuerzo a cómo influir: cursos de formación sobre persuasión para sanitarios, escuelas de padres, cursos de oratoria, masters de comunicación política… Se escriben libros, se graban vídeos y audios, se hacen entrevistas a personas que saben del tema, buscando la respuesta a la pregunta de cómo influir más y mejor. Lo normal es que tratemos de influir a nuestro alrededor y que nos preguntemos cómo hacerlo. La capacidad de influir genera poder y el poder, como dice Armando Zerolo en su libro Época de idiotas, “está en la naturaleza humana y gran parte de la tr...

¡Tienes que poner más atención!

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Mientras escribo estas líneas me viene a la cabeza que tengo que mandar un guasap a una persona  para recordarle una cosa. Cojo el móvil, y al desbloquearlo veo que tengo varios mensajes. Los leo, contesto algunos de ellos, uno me lleva a una red social, me entretengo un rato en ella y tiempo después, sin haber escrito a esa persona, dejo el móvil intentando recordar para qué lo he cogido, con la conciencia clara de que lo he olvidado y habiendo perdido el hilo de lo que estaba escribiendo. ¿A nadie más le ha pasado? Es fácil echarse la culpa a uno mismo: “me he vuelto a liar”, “si fuera capaz de prestar más atención y no distraerme tanto…” Cuando me siento con ánimos me hago el propósito de de ser más consciente de lo que hago y distraerme menos. Cuando estoy desanimado, preocupado o cansado, me dejo llevar, “de perdidos, al río”. Si, como me temo, esto no me pasa solo a mí, me pregunto si entre las muchas crisis que atraviesa nuestro mundo, la crisis atencional no es una de...

Pertenecer

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    La familia nos proporciona muchas cosas importantes a lo largo de la vida. Una de ellas es el sentido de pertenencia.      El sentido de pertenencia es aquello por lo cual nos sabemos y nos sentimos miembros de una comunidad que nos trasciende, que va más allá de nosotros mismos. Este trascendernos tiene lugar tanto física como temporalmente. Físicamente porque se nos evidencia que no estamos solos ante el mundo, que hay otros a nuestro lado y que formamos una comunidad. Temporalmente porque esa comunidad existía antes de mi llegada y tendrá su continuidad con mi salida y la nueva comunidad que yo construya.      A través de este sentido de pertenencia llegamos a saber y a sentir que soy querido y que se me quiere como miembro de esa comunidad. Que soy aceptado e integrado en esa comunidad que es mi familia.      Este sentido de pertenencia se expresa en el abrazo y el cuidado con que se recibe al bebé al nacer. En el abraz...

Denigración del elogio

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       “¡Ojo con la autoestima de los niños y adolescentes! Es muy frágil y se rompe con facilidad. Hay que potenciarla con elogios para que no se venga abajo”. Esto no es una regla universal, pero mucha gente cree que sí. Que hay que elogiar sin medida a los niños y jóvenes para que su moral no se resienta, para que no se vengan abajo. Especialmente cuando las cosas salen mal, para que no se frustre. “Qué bien lo has hecho” se le dice al niño que no ha dado ni una en un examen. “Has estado muy bien” se intenta animar a la niña que ha hecho un pésimo partido de baloncesto. “Lo has hecho genial” se miente al niño que ha perpetrado una pieza musical con su instrumento. Si el niño tiene una inteligencia normal y es consciente de que lo ha hecho mal, el adulto perderá credibilidad ante sus ojos. “Mi padre dice que lo he hecho fenomenal, pero en realidad me ha salido mal. O me está mintiendo o no se entera”. Cualquiera de las dos conclusiones es mala. Si piensa que ...