Estoy a la puerta y llamo
La puerta está entreabierta. Al tiempo que están separados por ella, esa pequeña apertura les une. Cada uno permanece en una estancia diferente con sus deseos, sus preocupaciones y sus proyectos... A la vez, ambos pueden observar al otro en la habitación contigua con sus deseos, sus preocupaciones, sus proyectos... Uno de los dos se acerca a la puerta y, aunque está entreabierta, toca con los nudillos. Solicita la atención del otro, pide su apoyo, su comprensión. Sucede de manera constante. La llamada adopta formatos diferentes. Una frase: “hoy he tenido un día horrible en el trabajo”. Un gesto: mostrar un informe médico con una mala noticia. Una petición: “por favor, no pongas pimiento en la pizza”. Una acción: preparar una cena especial. Una pregunta: “¿te acordaste de llamar al profesor de las extraescolares de nuestro hijo?” … La intensidad emocional de las solicitudes también varía enormemente. Desde un...