Convertir expectativas en reglas
Muchas veces las personas cuando consolidan una relación de pareja llevan consigo unas expectativas respecto de cómo debe ser esa relación.
Estas
expectativas se conforman a través de la experiencia de la propia familia de
origen, de la cultura de la época, de la historia personal y en ellas influyen
también el carácter y la personalidad y del inicio de la propia relación.
Es
frecuente que esas expectativas no se compartan con el otro porque a veces son
inconscientes y otras veces, aun siendo conscientes, da vergüenza hablarlas o se
considera innecesario porque son tan evidentes para uno mismo que considera que
el otro las tendrá en cuenta.
A veces
las expectativas disminuyen a medida que la relación avanza y las decepciones
se acumulan. Hay algo sano en ello cuando las expectativas eran desmesuradas.
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otras ocasiones, lo que sucede a lo largo del tiempo e que esa expectativa
crece según se va construyendo la relación.
El
problema surge entonces cuando esa expectativa creciente empieza a mudar en una
exigencia y lo que antes era un deseo de que el otro actuara de una determinada
forma se convierte ahora en un deber de que el otro actúe de la forma esperada.
“Debes actuar así” se convierte en una regla que rige de forma poco explícita
la relación y las reacciones de quien ha formulado esa regla.
La
formulación de una regla tiende a producirse después de una serie de
infracciones importantes de la expectativa. En medio del enfado por el
incumplimiento de la expectativa se construye esa especie de norma “él debería
actuar de tal forma” o “ella no debería actuar así”. Esto se convierte en una
exigencia hacia el otro, que se ve en la obligación de actuar de una determinada
forma sin haber sido partícipe de la formulación de esa norma y muchas veces
sin conocerla.
Esto da
lugar a conflictos permanentes porque los incumplimientos de la regla se
atribuyen a una intención dañina. “Si no actúas como deberías es porque eres
débil”, “si actúas de esta manera es para hacer daño”, “si no haces esto que
considero que deberías hacer es que no te importo nada”. Así la relación tiende
a hacerse cada vez más complicada porque si se considera que hay
intencionalidad suele crecer el temor a que esas infracciones sean más
frecuentes e intensas en el futuro.
Una
forma de comprobar si se ha formulado una regla como tal que rige la relación
es observar qué pasa si una persona que no sea mi pareja actúa de la misma
manera que he decidido que no puede actuar mi pareja. Cuando observo que mi
madre (persona a la que quiero y por quien me siento querido) hace exactamente
lo mismo que mi pareja y no me enfada, o no me enfada tanto como si lo hace mi
pareja es porque mentalmente he construido una regla para mi pareja.
No
obstante, la cosa tiene cierto arreglo. En primer lugar, examina tus reacciones
de enfado ante comportamientos de tu pareja e intenta descubrir si detrás de tu
reacción emocional hay lo que entiendes que es la violación de una regla. Si es
así, lo primero a preguntarte es si esa regla es explícita o implícita, es
decir, si alguna vez le has transmitido al otro que eso es una regla en vuestra
relación o simplemente la has formulado en tu mente. Si es implícita y nunca la
has hecho explícita, ahora es el momento. Haz una pequeña prueba, dile al otro
“me siento de tal manera cuando pasa esto y en el futuro me gustaría que
actuases así” en vez de decirle “debes actuar así”.
Si la
regla es explícita y ya habéis discutido sobre ella, ahora toca abordarla en un
momento de calma. Intenta plantear al otro “sé que a veces hemos discutido
porque te he dicho que debes actuar así, me gustaría que pudiéramos hablar de
esto tranquilamente y decirte porqué espero que pase eso y escuchar cómo lo ves
tú”.
Si todo
esto os resulta muy complicado también podéis buscar ayuda de un profesional
que os acompañe en este camino.

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