Cuidar la pareja durante la crianza
Normalmente entendemos por crianza la primera etapa del cuidado de un niño, desde que nace hasta los tres años aproximadamente. A partir de los tres años empieza otra etapa en la que la mayoría de los niños ya están escolarizados, tienen una mayor independencia y autonomía y saben expresarse lo suficiente para que les entendamos, por lo que la demanda de atención baja un poco para los padres.
La crianza suele ser una etapa estresante, especialmente para padres que crían a un hijo por primera vez. Los motivos de estrés son varios: la responsabilidad, las tareas novedosas a las que enfrentarse, la falta de sueño, las dificultades para adquirir rutinas al principio, la necesidad de ir entendiendo al bebé gradualmente, el realineamiento con las familias de origen que tiene lugar especialmente cuando se trata del primer nieto o sobrino… Esta experiencia de estrés choca con el mensaje del exterior de que se debe disfrutar mucho de esta etapa y se supone que debe ser vivida con mucha alegría y felicidad.
A los estresores, se le añade el hecho de que la relación de pareja se ve afectada por la necesidad de incluir al nuevo miembro en un sistema que hasta entonces contaba simplemente con dos miembros. Eso provoca el reajuste correspondiente en la relación de pareja que pasa a tener una nueva tarea: tenemos que aprender a ser padres además de seguir siendo pareja. Por lo que necesitamos encontrar una nueva forma de ser pareja en medio de la crianza.
Consejeros
bienintencionados, para reducir el estrés de esta época e intentar que el
impacto de la crianza en la pareja sea lo menor posible, insisten en que hace
falta mantener momentos de pareja “blindados” de las tareas de la crianza, de
manera que la pareja se asegure de mantenerlos contra viento y marea: salir
alguna noche juntos, hacer una escapada sin los niños de vez en cuando,
reservar momentos… Pues bien, la experiencia nos dice que todo esto es menos
sencillo de lo que parece. El ritmo vital, el deseo de estar presente con los
hijos, la inseguridad, la falta de soporte familiar o social que apoye y cubra
el cuidado de los hijos en esos momentos dificultan en ocasiones el blindaje de
estos momentos…
Además,
sabemos que blindar momentos así es mucho menos efectivo que esforzarse por
mostrarse apoyo mutuamente en las diferentes tareas de la crianza, compartir
cómo estamos viviendo esta época y pasar algo de tiempo juntos relajados con el
bebé. La característica de estas tres dinámicas es que se pueden dar en medio
de la crianza, no al margen de ella.
Cuidar
la pareja no puede ser otra tarea más a añadir a la lista de tareas pendientes.
Tiene que suceder en medio del fragor de los pañales, el baño, la cena,
acostarse, vestirles, hacer la compra, darle la merienda…
Mostrarse
apoyo mutuo es importantísimo para no sentirse abandonado en medio de uno de
los cambios más importantes de la vida: convertirse en madre o padre. La
sensación de soledad, de no ser visto, no digo ya la de ser cuestionado o
criticado en medio de la tormenta de emociones, tareas, responsabilidades… es
demoledora para la pareja. No es solo la necesidad de colaborar y del apoyo
operativo, sino también la de transmitirle al otro que puede contar conmigo,
que confío en él/ella, que afrontamos juntos las dificultades.
Compartir
cómo estamos viviendo esta época genera la oportunidad de entender y acompañar
los cambios que cada uno está viviendo al tiempo que incrementa la intimidad en
la pareja. No hay que olvidar que la paternidad y la maternidad provocan
cambios profundos en los padres. Ser capaces de compartir y entender esos cambios
nos ayudará a fortalecer nuestro vínculo.
Pasar algo de tiempo juntos y relajados con el bebé ayuda a ir construyendo esa relación de familia a la que hay que ir haciendo hueco y supone que el cuidado del bebé no son solo tareas que a veces agobian y que hay que repartirse, sino que en el cuidado del recién nacido también crecemos como personas.

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