He metido la pata. Por mi culpa algo ha ido mal. He perdido los papeles en una situación. No he mostrado apoyo cuando el otro lo necesitaba. Le he ignorado o menospreciado. Automáticamente aparece mi abogado defensor interior y me dice: “Hombre, Diego, tenías toda la razón para haber actuado así, es que hay que ver cómo se ha puesto, es que no te ha quedado otra salida, a ver si así se da cuenta que estás hasta arriba, es que no te hace caso…” A mi abogado interior no le interesa demasiado la verdad, sino salvar mi imagen y evitar que me condene a mí mismo. Suele retorcer los hechos para justificar mi comportamiento y convencerme de que no he hecho nada malo. A veces, mi abogado se va de vacaciones y en su relato aparecen algunas grietas… Voy al cuarto de baño, me miro al espejo y pienso, “hombre, es verdad que lo que el otro hizo estuvo mal, pero, tú, Diego, te has pasado tres pueblos. Lo que tú hicis...